sábado, 19 de julio de 2014

Frustración.

Hay días en los que no estás inspirada y tienes que sacar las palabras a punta de navaja. 
Hoy es uno de eso días.

martes, 15 de julio de 2014

Vuela alto.

"El mundo cambia, gira, se mueve, y ten muy claro que no se detendrá por ninguno de tus problemas" y echó a volar, con la intención de poder huir de un mundo tan desconsiderado, ¿por qué su creador permitía que cosas así les pasasen? Nos alcanzó, nos superó, y subió tan alto como sus alas le permitieron, divisó un lugar blanco, mullido, y cálido, donde no se diferenciaba el día de la noche y el tiempo siempre corría a su propio gusto sin importarle qué pensaran los demás habitantes de aquel cielo con sus siete soles. Allí vivió entrelazando sombras y sueños, observando nuestro sufrimiento y mera existencia desde su lecho de flores y tenue luz. Y un día él llegó, y ella le tejió su sombra y sus sueños, y los soles siempre brillaban en el cielo, y las mariposas bailaban al son del laúd del muchacho, y ella danzaba desnuda para él, y él le recitaba bellos poemas mientras acariciaba su negra melena, y ella jugaba con su pelo rojo fuego, y se besaban y amaban como nunca nadie allí lo había hecho. Pero un día él se fue. No hubo más música, ni soles, poemas, mariposas, danzas, belleza, ni amor. Y ella cayó. Se precipitó contra el suelo aún más rápido de lo que había subido, y cada centímetro de su cuerpo pereció recordando lo bonito que fue y lo aún más bonito que podría haber sido. Él se quedó, y como esto no es Romeo y Julieta él siguió su vida, porque el mundo cambiaba, giraba, se movía, y no se detuvo por ninguno de sus problemas.

"Caer, levantarse, insistir, aprender"

Es bonito cuando solo queda el frío. Adentrarte en el bosque en plena ciclogénesis, con el viento y las ramas de los árboles azotando todas las partes de ti y el corazón latiéndote, a punto de explotar. Con el frío invernal calando tus huesos. Corriendo, intentando no caer, huir como el individuo cobarde y asustado que te sientes, el animal herido que sabes que eres. Y entonces te caes, notas cómo todo a tu alrededor se para, el frío que está yendo, el viento ya no sopla, los árboles y plantas ya no luchan contra él y en tu cabeza ya no hay ese ruido atronador que te amartillea la cabeza con la esperanza de que si sigue así te volverá loca de nuevo. Y te levantas, giras sobre tu cuerpo, y lo buscas, inspeccionando con la mirada cada rincón de ese frondoso pero vacío bosque. Pero no está. No te persigue, y te alegras, pero te enojas. Te enojas porque cada vez la tienes más cerca, le vas poniendo cara y nombre y empiezas a saber cómo se comporta, cómo te va a aterrorizar la próxima vez y se te ha vuelto a escapar, y te equivocas, porque es más listo que tú y sabe que mañana va a ser peor que ayer. Pero eso da igual, porque hoy ya has superado a tus monstruos. 

lunes, 14 de julio de 2014

Asfixia.

¿Recuerdas cuándo el dolor era psicológico? ¿Recuerdas el tiempo en el que la presión de tu pecho no te recordaba que tu viaje se está acabando? ¿Recuerdas despertarte y sentirlo, sentir cómo cada parte de tu cuerpo vibraba al ver su foto? ¿Recuerdas sentir amor? Yo lo recuerdo. Un amor tan grande e intenso que atravesaba cada centímetro de mi piel hasta comprimir mi pecho, que me gustaba, porque por mucho que me doliese me hacía sentir viva. Es verdad que es una droga, haz caso cuando te lo digan. 
Tanto la quería. Su amor es como una droga que te atrapará, cuando te cautiva ya no hay más que su ausencia. Pero yo no tengo ausencia, tengo dolor, un dolor físico tan potente que amartillea mis pulmones como si tuviese la intención de ahogarme desde dentro para así no volver a sentir nunca más dolor psicológico alguno.
Día tras día, está acechando, recordándome lo débil que nuestra especie puede llegar a ser y que hoy tampoco va a ser un buen día.
Tanto la quería. La quería casi tanto como quiere mi mente una evasión, casi tanto como quiere Bast a Kvothe, casi tanto como mi chocolate caliente a las nubes inglesas. 
Pero ya no está, y ahora sólo recuerdo quererla.
El dolor psicológico no está, pero sí el físico, que acarreará otros que mi cuerpo y alma ya no podrán aguantar.